Un 6 de marzo... Ese fue el día en que nuestros caminos se cruzaron
y dónde nuestra historia comenzó. Siempre será un día que voy a atesorar
con todo mi corazón porque fue el día en que mi vida completa cambió.
Ese día conocí el amor, ese día te conocí a ti.
Te invito a leer esta historía que guardo en mi corazón.
1
I. Aquella noche entre cervesas, risas y retos.
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Podré olvidar muchas cosas, quizás tampoco sea de darle tanta importancia a ciertos días, pero no pasa lo mismo con este, no puedo ni quiero olvidar que nuestra historia comenzó un día como hoy justo hace un año, un pequeño encuentro que cambió mi vida por completo.
Venía de desilusiones, una tras otra en un tiempo tan, pero tan corto que estaba totalmente rendida al amor, creo que tú también en ese entonces, los sentimientos se habían vuelto una carga o algo que no valía la pena el riesgo. Fuiste mi aventura en esa etapa dónde solo quería vivir con libertad, era la primera vez que yo deseaba algo así, la primera vez que me cerraba a algo más porque siempre había sido una creyente del amor. Tenía toda la determinación para no caer en eso, pero apareciste en mi vida.
Nunca olvidaré ese primer saludo, creo que te descolocó que haya sido tan directa, pero debo decir que también me impactó un poco es que iniciativa de solicitud. No voy a mentir, no tenía grandes expectativas en ese entonces. Las cosas se sentían como un sorteo de con quien podría resultar o no algo, pero bastó intercambiar unas pocas palabras para poner toda mi confianza y atención ahí, vaya que no me equivoqué.
Comenzamos como amigos que vivían juntos ¿Lo recuerdas? O más bien, dos personas que se habían conocido en su infancia y que ahora se encontraban de un momento a otro compartiendo un hogar ante las circunstancias de la vida. Tú, sereno, cordial y atento. Yo descuidada, con mucha confianza y con ganas de caos. Si lo pienso hacia atrás, era una combinación bastante extraña ¿No?.
Lo primero que nos unió, fue un gusto en común, y es que somos unos borrachos, si bien aquello estaba como una antesala a algo más, fue algo que disfrute mucho el compartir contigo, una simple noche de tragos en casa que se transformó en algo más, no comenzó de forma seductora, no. Fue entre bromas, conocernos un poco más, actos que me hicieron reír a carcajadas y claro, lo que ambos sabemos, una tensión y pasión que afloro de forma natural, aun cuando ambos sabíamos ya que eso buscábamos.
Cuando te conté que ni quería nada, lo decía en serio, era algo que me había pensado bastante antes de decidirlo, pero vaya que me hiciste sufrir esos días, y lo digo en un buen sentido. Todo lo que pasó se sintió tan bien, había una conexión tan especial, como si realmente encajaramos a la perfección, cosa que me hacía estar en una lucha constante conmigo misma donde me decía una y otra vez "No te encules"... Aquí debo agradecer la paciencia de mis amigas porque eran ellas quienes me aguantaban a diario en estos dilemas de no saber que hacer, porque la razón me decía una cosa, pero el corazón me decía a gritos todo lo opuesto, justo en el momento donde yo ya quería hacer caso a la razón, que fortuna que no lo hice.
Desde ese seis de marzo, muchas cosas pasaron entre nosotros, recuerdo también ese momento donde el primer encuentro acabó, era una mezcla de felicidad por el buen rato (muy bueno) y una tristeza por que había llegado al final, pero fue ahí cuando llegaste con tus palabras, con tu propuesta de que querías que eso no acabara ahí, que no fuera algo de una sola vez. Si me hubieras visto en ese momento, habrías presenciado la euforia de una chica que salta de un lado a otro en su habitación mientras grita de emoción cubriéndose con la almohada, sabes que no soy religiosa, pero esa vez agradecí a los dioses.
Esa repetición se volvió más que eso, sin planearlo, la premisa de ser amigos se volvió una realidad, hablamos todo el santo día y noche, eras mi primer mensaje y último. Fue tanto lo que compartimos en esos días, tanto lo que nos comprendimos el uno al otro que lo que quería evitar, ya no era posible, los sentimientos estaban ahí y solo tomaban fuerza, sabía que no podía seguir de ese modo sin lastimarme y aunque me esperaba algo no ventajoso para mi, si era lo más sano. Nunca me voy a arrepentir de eso, aunque tú sí lo hagas de tus palabras, porque fue eso lo que a ti te hizo saber más y a mi también, entender que no era un encuentro común, no era una conexión de tantas, saber que eso era realmente especial, tanto que fue imposible que aquel fuera el fin.
Son muchos los momentos que podría relatar, pero aquí quería centrarme en esos que fueron antes de que revelaramos nuestros corazones, esos donde todo era nuevo, cada cosa que nos contábamos era un descubrimiento, cada confesión, cada historia compartida era como una lámina que completaba el álbum de nuestras vidas, nos contamos de todo, nos aconsejamos, nos reímos y nos comprendimos.
Mi vida cambió ese día no solo porque conocí a quien sería el amor de mi vida, el real amor. Sino porque conocí también a quien sería mi amigo, mi confidente, mi compañero, mi todo. Hace un año te conocí y no puedo estar más agradecida a la vida por ello y te juro que no cambiaría absolutamente nada, nada de nada, viviría todo, cada herida, cada dolor, cada desilusión otra vez porque ese fue el camino que me llevó hasta ti, el mayor tesoro de mi vida. Te amo y te amare cada día de mi vida.
Continúa leyendo porque ese solo fue nuestro comienzo.
2
II. Nuestro doble compromiso.
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Jun
Luego de ese primer día y con la ayuda de su novia la semana pasó en un abrir y cerrar de ojos.
Entre su trabajo, seguir de cerca todos los preparativos para la boda y sus propios cuidados los días eran rápidos y finalmente llegó ese 21 de Septiembre.
Sentía un poco de nervios, naturalmente, pero con una gran sonrisa la noche anterior pudo dormir pronto listo para el día que empezaría temprano.
Al despertarse se quedó varios segundos observándola mientras ella aún dormía. Era difícil de creer que una mujer tan bella, tan maravillosa sería su esposa para cuando terminara el día. Quería besarla, abrazarla, pero se contuvo para que siguiera durmiendo. Sería mejor guardar esas ganas para el momento que tendrían luego.
Con cuidado se levantó de manera que no la despertara. Abrió su cajón en el mismo silencio y dejó sobre la mesa de noche lo que había preparado para ese día.
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Era un poco peculiar hacer una invitación para la novia de la boda justamente, pero quería mantener ese recuerdo para el futuro. Aunque el contenido era más una carta que una invitación como tal y decía:
"Amor mío, por fin llegó el día que tanto esperábamos, con el que tanto he soñado a tu lado. Me complace invitarte hoy a nuestra boda, a las 5 pm en el hotel Les Jardins. No te preocupes de que sea un hotel, estoy seguro de que el sitio te gustará cuando lo veas. A las 4:30pm pasarán por ti un auto negro estará esperando abajo para recogerte. No sé si ya tenías un plan para tu ramo de novia, pero en caso de que no preparé estas flores que tal como nuestro amor nunca se marchitarán. Estaré esperando por ti en el lugar, listo para tomarte como mi esposa. Te amo."
Con aquello listo fue al vestidor para colocarse ropa casual y salió.
Tenía que ir primero al hotel, verificar que todo estuviera listo, luego salir a recoger los anillos que ya estaban hechos para ambos tal como los habían pedido y luego volver para en la habitación que sería suya en la noche ducharse, peinarse y vestirse ahora sí con el traje que compró especialmente para esa ocasión.
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Revisó su reloj, 4:45 pm, el día había pasado con rapidez entre todo y su corazón se aceleró solo con ver que ya estaban casi a la hora acordada.
Salió y fue al sitio especial que habían preparado para ambos. Cerca al atardecer, con las linternas alumbrando el lugar se veía tal como lo habían esperado.
Era un hotel boutique, no muy grande, su belleza estaba justamente en los jardines que lo rodeaban. Por la entrada decorada con más luces y velas, caminó pensando en cómo se vería su novia al llegar y caminar también por ese paseo hasta el jardín de atrás.
En ese jardín trasero, se paró con sus manos apenas temblando y teniendo que respirar hondo para controlar la emoción. En medio del arco volvió a revisar su reloj, su novia llegaría en cualquier momento. Regresó a ver al violinista que había contratado que asintió, estaba listo para tocar la canción acordada para cuando entrara ella.
♪ Can't Help Falling In Love - Elvis Presley - Violin
Luna
Su día inició con el sol en lo más alto y con un leve susto al no ver la parecencia de su novio junto a ella, era la segunda vez que pasaba pero tal y como esa primera vez, respiró profundo para dispersar los malos pensamientos y así mirar hacia aun costado esperando alguna nota como aquella vez, pero lo que vio la dejó asombrada y con una amplia sonrisa por todos esos detalles.
—Tan lindo...
Susurró tanto por ese hombre que le había robado el corazón así como también por aquello que había dejado. Se tomó varios segundo para admirar ese ramo que le parecía tan único y hermoso a la vez, se sentía cautivada por el mismo y al finalmente terminar de leer aquella invitación, la sonrisa era tan amplia que contrastaba con esas lágrimas que comenzaban a brotar, unas que eran fruto de la alegría y la emoción que sentía por ese día, por lo que iban a vivir juntos, por el hombre con quién iba a prometer su vida que era mucho, pero mucho más de lo que alguna vez se atrevió a soñar.
Estaba realmente en el aire en cuanto a planes, su prometido había sido bastante cauteloso con los planes por lo que no sabía que esperar, aún así había hecho un par de cosas que venían perfecto para este momento y como vendrían por ella, decidió llamar a alguien para que le ayudaste con lo dispuesto.
Las horas pasaban y ella ya estaba abajo, vistiendo aquel vestido pomposo que escogió al día siguiente en que ambos habían decidido casarse. La chica lo había traído para ella y también la ayudó a ondear su cabello rebelde para que se viera más armonioso además de maquillarla para aquel día especial. Se sentía nerviosa y las miradas de la gente al pasar por su llamativa vestimenta no ayudan a calmar sus mejillas acaloradas, pero por fortuna aquel auto fue puntual en su llegada.
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Aquel corto trayecto se le hizo eterno y solo aumentaban sus nervios, pero al momento de llegar el ver aquel lugar la volvió a deslumbrar, sólo cayó en cuenta de que debía bajar cuando el ballet le ofreció su ayuda para ello y fue así que finalmente descendió. Le indicaron el camino y se ocuparon de la pequeña maleta que había traído consigo, por lo que solo se ocupó de aquel ramo que llevaba en las manos.
Se quedó de pie ahí frente a ese camino que debía seguir, varios segundos hasta lograr calmarse puesto al menos durante ese momento no quería llorar, y cuando finamente logró contener sus emociones, emprendió el pasó hasta oír aquel violín de fondo. La sonrisa fue instantánea y se volvió aún más radiante cuando lo vio a él, al amor de su vida que pronto sería su esposo.
— Amor..
Jun
Para lo rápido que había pasado el día, esos últimos minutos de espera se sentían eternos. Miraba el camino que conducía hasta donde estaba él con toda su atención sin poder retirar sus ojos del lugar con anticipación.
Sin embargo, cuando la música empezó a sonar se paró más recto y tenso sabiendo lo que significaba pero nada lo pudo haber preparado para el momento en que la vio y se quedó completamente perdido en esa escena. Sin poder creer lo hermosa que se veía, sin poder creer que ese momento finalmente había llegado. Toda la calma que intentó mantener antes ahora se iba por la borda porque su corazón palpitaba tan rápido y fuerte que tuvo que posar una mano sobre su pecho para intentar calmarlo en lo que su novia se acercaba.
Cuando finalmente estuvo frente a él, parpadeó para intentar volver en sí, ofreciéndole su mano para terminar de caminar esos últimos pasos al centro de esa cúpula juntos. Parándose frente a frente, no encontraba su voz para hablar de repente. Solo podía observarla, el vestido sin saberlo combinaba perfectamente con el sitio. Mientras atardecía y con las luces que los rodeaban, esa luz cálida reflejándose en la tela blanca y su pálida piel de la manera más hermosa, viéndose realmente como un ángel que acababa de bajar del cielo, más radiante y hermosa de lo que pudo haber nunca imaginado.
— Mi amor... te ves... tan hermosa. Es que wow... no puedo creerlo, eres una belleza. Esto es real?
No pudo evitar preguntarlo porque se sentía tan fuera de sí, tan perdido en la imagen que tenía en frente.
Luna
Tenía bastante rubor debido al maquillaje, pero aún no se comparó al rubor natural que sus mejillas tomaron ante todos esos cumplidos que recibía, su reacción normal hubiera sido una leve risa junto a un golpe suave en su hombro, pero ahora se sentía tan nerviosa, que como si fuera una niña pequeña, solo pudo bajar la mirada en lo que buscaba que el corazón no se le saliera del pecho.
El lugar era realmente hermoso, una escena de ensueño y aunque trataba de apreciar cada detalle, su mirada siempre acaba desviada a él en ese trayecto a aquella cúpula. No recordaba la última vez que lo vio así de arreglado, se veía tan deslumbrante que por momentos olvidaba en dónde estaban, mismo acto que le había reír para si misma.
—Todo esto...
Mencionó y tras una pausa volvió a dar una mirada a todo su entorno lo cual iluminó su sonrisa.
—Es realmente hermoso, como sacado de un cuento de hadas...
Agregó junto a una nueva risa por la niñerías qué decía, pero más por las que imaginaba ya que era imposible no sentirse como un princesa en medio de eso y junto a la mano de su amado, como si fuera el final feliz de un cuento, pero aquello solo era el comienzo de sus nueva vida juntos.
—Pero sin duda, lo más hermoso aquí eres tú…
Jun
— Tú eres un hada, una princesa, un ángel, una sirena, el ser más precioso, es que no me siento digno de que mis ojos se posen frente a semejante belleza.
Contestó sin poder dejar, ni por un segundo de observarla, sin poder aún procesar que todo ese momento era real, que habían llegado a ese punto, que estaban juntos, preparados y dispuestos a prometerse ese por siempre eterno.
Por fin saliendo un poco de su estupor aclaró su garganta y dirigió su mirada a un lado. Allí había una mesa preparada con el acta de matrimonio oficial para ambos y un bolígrafo. No siendo una ceremonia religiosa, en sí era algo corto lo que debían hacer, pero que se sentía tremendamente especial por lo que significaba.
— Está todo listo y hablado, luego de que firmemos se encargarán de llevarlo al registro civil y nos entregarán el certificado de matrimonio el lunes.
Le explicó con una sonrisa acercándose con ella a la mesa. Soltando su mano abrió su chaqueta para sacar de allí los anillos. Colocó el que sería suyo sobre la mesa para que luego su novia pudiera tomarlo y ponérselo a él pero se quedó con el que era de ella en su mano y le extendió la otra pidiendo que se la entregara para empezar él.
— Me permites tu mano en matrimonio?
Luna
Acabo riendo y negando para si misma por esa explicación que se sentía tan ajena al resto de lo que estaban viviendo pero en el fondo agradeció aquello porque lo mismo le hizo aliviar sus nervios o algo de los tanto que sentía.
Lo quedó mirando ante esa petición, con una sonrisa suave en el rostro, pero no respondió, y en cambio tomo el anillo que restaba para mantenerlo en su otra mano, aquella que le pidió la extendió hacia él, con con el puño cerrado y tras una nueva risa, negó con suavidad finalmente como respuesta a la pregunta que le había hecho.
— No puedo solo darte mi mano así como así..
Murmuró ya que solo estaban ambos en aquel lugar y antes de que el mayor pudiera hacerse ideas equivocadas, se acercó a dejar un beso en su mejilla, pero antes de retomar la distancia inicial, susurró cerca de su oído.
— Primero debes decir tus votos…
Jun
Esa respuesta lo hizo confundirse, inicialmente frunciendo el ceño por confusión más que nada al ver su mano como un puño. Sin embargo la aclaración también lo hizo reír y tomó un paso más cerca de ella también tras ese beso que aunque corto seguía sintiendo el calor en su mejilla aún cuando se apartó.
— Mi vida, es exactamente lo que iba ser.
Aclaró a la vez que asentía y se encargaba de abrir esa mano de manera que pudiera sostenerla mejor, acariciándola mientras la mantenía en medio de ambos y aún la observaba.
Una vez más su corazón se aceleraba, y tuvo que cerrar sus ojos un momento para concentrarse en las palabras que diría. Las había pensado durante todo ese tiempo pero ahora era difícil mantener una voz tranquila ante todo lo que sentía ya habiendo llegado a ese momento.
— Mi amor, mi cielo, mi vida, mi sueño hecho realidad, mi Luna. He estado pensando mucho en nuestra historia durante estos días. Pasamos por muchas cosas, hemos vencido muchos obstáculos, hemos peleado, nos hemos distanciado, estuvimos a punto de perdernos tantas veces... pero siempre supimos encontrarnos, entendernos y sobre todo amarnos. La manera en que me siento por ti, todo lo que provocas en mí es muy difícil de explicar. Porque es demasiado. Te amo como un loco enamorado. Me haces inmensamente feliz, le das un brillo único a mi vida, me devuelves la ilusión y las ganas mismas de vivir solo para poder pasar mis días contigo. El amor que vivo contigo no se compara a nada que he vivido antes. Me haz enseñado tanto, contigo siempre quiero crecer, ser mejor, entenderte mejor para poder amarte aún más. Por eso desde hoy y para siempre prometo amarte sin falta. Prometo hacerte feliz de todas las maneras que pueda porque verte sonreír es la mayor dicha que tengo en esta vida. Prometo dedicarte toda mi vida, toda mi atención siempre a ti, solo a ti y a nuestra futura familia cuando la tengamos. Eres la mujer de mi vida, eres la reina de mi corazón. Eres todo lo que quiero, amo y deseo. Mis ojos solo te ven a ti, solo te verán siempre a ti. Eres todo lo que necesito, eres todo lo que soñaba. Así que juro nunca rendirme, nunca apartarme, nunca soltar ese corazón tan precioso que tienes. Mi amor por ti crece cada día un universo más y estoy seguro que así será por siempre porque así de maravillosa eres. La mujer más maravillosa que he conocido, y desde hoy seré el hombre más feliz de poder llamar a esa perfecta mujer mi esposa. Eres mi todo, eres tú mi vida. Eres tú, siempre debiste ser tú, siempre vas a ser tú y solo tú todo lo que quiero a mi lado. Prometo estar siempre para ti, prometo seguir siempre mejorando para que ambos vivamos felices juntos. Te ofrezco mi vida entera solo a tu disposición, así que ahora sí, aceptas ser mi esposa?
Preguntó mirando a sus ojos y elevando un poco más esa mano que sostenía alineando aquel anillo pero esperando su respuesta antes de colocárselo.
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Luna
Volvió a reír por esa primera respuesta, algo tan usual entre ambos debido siempre a su propia impaciencia y con naturalidad fue dejando que abriera su mano, admirando las mismas porque si algo amaba, era ver como esas manos siempre se mantenían unidas.
Las siguientes palabras le fueron acelerando el corazón a cada segundo y por mucho que intento, por mucho trató de controlar su respiración y demás, no pudo contener aquellas lágrimas que comenzaron a salir una tras otra ante cada verso que oía de esos labios. Pero aún así no apartó la mirada de él, no dejo que eso interrumpiera el momento y aunque sí mirada se veía de ese modo con los ojos cristalinos, sus labios no dejaban de gestuar una sonrisa que le hacía acalambrar las mejillas y es que su dicha era tal en ese momento que no había otra forma de expresar cuán feliz y afortunada se sentía frente a él.
Cuando el final llegó, asintió, primero con suavidad y luego de manera insistente dónde incluso ayudó a poner ese anillo al mover su mano ya que al final de todo, la paciencia nunca podía ser una de sus virtudes.
❦
—Durante todo este tiempo, estuve pensando sobre que decir en este momento, muchas veces quise escribirlo, muchas otras quise plazmarlo en algo que pudiera leerte aquí frente a ti, pero concluí que nada podía ser mejor qué darte algo que tu tanto amas de mi, esa honestidad que me caracteriza y por eso quería que mis palabras fueran las que nacen del momento. Hoy cuando desperté, sentí miedo al no verte, me costó reaccionar y entender porqué no estabas, pero a la vez me hizo comprender aún más lo que ya sabía, qué sin ti la vida se me cae a pedazos, que si no estás a mi lado, nada tiene sentido y por ello necesito pasar el resto de mi vida junto a ti, amándote y cuidándote, dándote lo mejor de mi porque tú mereces eso y mucho más. Así como dices hemos pasado por muchas cosas, pero con cada una de ellas me has demostrado que si, que tú lo vales todo, que por ti puedo saltar al vacío porque sé que estarás ahí para sostenerne, sé que no te rendirás nunca conmigo, sé que me amabas aún con todo el caos de persona que soy y eso solo me hace admirarte cada día más. No eres el hombre de mis sueños porque eso que soñé, no te llega ni a los talones. Eres mil veces mejor que cualquier fantasía que hubiera podido tener, tu comprensión, tu cariño, tu contención son cosas invaluables y elegiste dármelas a mi, elegiste jugartela por mi y yo hoy prometo jugarmela cada día por hasta el fin de mis días, eres el amor de mi vida, eres el compañero con quien quiero transitar este camino hasta mi último aliento, te amo y te amaré siempre.
Como ya tenía el anillo en su toma mano, tomó la del mayor y buscó aquel dedo desnudo que ahora visitó con aquella argolla que ambos habían elegido, sin preguntar nada, tan solo la deslizó hasta el lugar donde estaría por siempre.
—No te preguntaré si quieres ser mi esposo, porque me puedes decir que no y yo no quiero correr riesgos...
Agregó entre risas, unas que salían entre lágrimas más por los nervios y el choque de emociones que aún sentía por todo lo que estaban viviendo.
Jun
Miraba esas lágrimas caer y no podía evitar pensar en lo hermosa que se veía con esa sonrisa tan grande en el rostro aún con estas que acentuaban aún más esos grandes ojos en los que quería perderse por siempre.
Luego de acomodarle el anillo, con una risa de por medio ante la poca paciencia de su novia que siempre la caracterizaba, se quedó mirándola mientras ahora la escuchaba. Esa voz que amaba diciéndole palabras que calentaban y continuaban acelerando su corazón haciendo que también llevara una gran sonrisa imborrable en el rostro que incluso hacía sus ojos achicarse de lo mucho que se extendía.
Cuando terminó y le colocó así el anillo con ese comentario extra, tuvo que reír y al momento pasó a entrelazar sus manos que ahora llevaban esos anillos de matrimonio. Se acercó más a ella, agachándose hasta que sus frentes se juntaran. Ya había anochecido, la brisa era leve, y las luces que los envolvía brillaban más en medio de esa oscuridad con ellos en medio. Se sentía como si el mundo hubiera dejado de existir y solo estaban ellos.
— Jamás te diría que no, quiero ser tu esposo, quiero ser tu todo, quiero acapararte por completo, que solo pienses siempre en mí así como yo solo pienso en ti. Mi Luna, ahora mi esposa, me haces el hombre más feliz. Te amo, te amo, te amo.
Repitió y fue cuando finalmente se acercó a besarla. Siendo ese el beso que cerraba aquel "contrato" aquella promesa de amarse por siempre. Y como tal fue un contacto suave, muy intencionado y detallado. Atrapó los labios ajenos entre los suyos con una suavidad y delicadeza únicas del momento. Como si toda esa belleza que tenía en frente pudiera desvanecerse si es que se apuraba y manteniéndolo lento buscando que aquel momento durara mucho más.
❦
Luna
Volvió a reír y de manera repentina soltó un profundo suspiro como si con lo mismo liberara gran parte de aquel nerviosismo que había estado sintiendo y ahora fuera la paz y calma que finalmente venía a ella, justo como lo era él en su vida lo que le hizo mirarlo de un modo donde se sentía demasiado conmovida por poder estar ahí frente a él.
Aquella segundos donde sus manos se entrelazaron y aquellos dónde se aproximó a ella los vivió como en cámara lenta y como pocas veces, con una paciencia de la cual disfrutaba. Sus ojos se cerraron ante ese dulce primer contacto de sus labios dónde mantuvo la suavidad, pero en sus manos había mayor presión en el aferro, uno que de pronto se cortó al soltarlo solo para abrazarlo por el cuello sin importarle más nada.
—Te amo y te amaré cada día de mi vida, en la salud y en la enfermedad, prometo serte fiel y estar junto a ti en lo bueno y lo malo hasta que la muerte llegue, pero no nos separá porque mi alma estará siempre ligada a tú, eres mi esposo, mi dueño eterno.
Su voz fue un susurro sobre sus labios que se fue volviendo tembloroso y es que nuevamente eran aquellas lágrimas las que brotaban de pura felicidad.
Jun
Volvió a reír al sentir ese abrazo, se sentía tan feliz, tan dichoso que estas risas salían fácil sólo por lo bien que se sentía en ese momento. Era realmente mágico, una verdadera fantasía que ahora era realidad.
La abrazó por su cintura con un brazo, su otra mano subiendo a su mejilla para con todo el cuidado de no dañar su maquillaje que había quedado tan bien, limpiar los rezagos de esas lagrimas que habían brotado de esos lindos ojitos que lo enloquecían de amor.
— En las buenas y en las malas, por siempre juntos, eres tú mi único y verdadero amor, por fin te encontré y ya nunca te voy a soltar. Ni la muerte podría separarnos, seremos esposos aún de fantasmas. No te dejaré escapar de mí jamás.
Susurró en medio de esa cercanía, la apretó mucho más cerca y volvió a besarla al no poder contener sus ganas por sentirla aún más cerca por expresar lo mucho que la amaba de esa forma. Aún era lento, pero esta vez mucho más profundo, con bocados que se notaban eran mucho más necesitados de ella. Sobrecargado de toda esa felicidad, de ese amor, la besaba con toda la intención de demostrar lo mucho que la adoraba. Como todo él y su cuerpo morían de amor solo por ella.
Luna
Solo asintió a esas palabras repetidas veces, aunque suave pues no quería despegar sus labios de ese nuevo beso que iniciaban dónde lo abrazó con aun más fuerza con tal de tenerlo cerca. Aquel beso era la muestra de aquel amor que se habían jurando donde cada tacto, cara caricia era una reafirmacion de ese afecto, una muestra del anhelo que nunca dejaba de tener por él porque cada beso se sentía como el primero al hacer revolotear su corazón ante la calidez de sus labios
—Te amo tanto... Esposo mío.
Dijo como susurro sin despegarse del todo de sus labios y con una ligera risa, pero luego su expresión cambió y tomó un poco de distancia, la suficiente para que la pudiera observar y con la mirada señalar aquel documento sobre la mesa.
—Mi casi esposo... Aun falta hacerte mío ante la ley amor.
Jun
Aún cuando ella se separó, buscó volver a acercarse, no quería apartarse de esos labios aún aunque le sacó más risas al recordarle aquello.
Luego de dejar algunos besos más en su comisura y mejilla, asintió al recordatorio y se acercó primero al documento. Tomó el bolígrafo y sobre la línea que marcaba su nombre firmó sin dudarlo. Luego se giró a ella y le ofreció el bolígrafo.
— Adelante, mi amor.
Luna
Hubo algo que le causó bastante risa en esa forma tan rápida de hacerlo y tras tomarlo, miró el sitio donde debía firmar y antes de hacerlo, lo atrajo desde la nuca con suavidad para dejar un nuevo beso al mismo tiempo en que el bolígrafo se deslizaba sobre la hoja plasmado también su nombre en ella.
— Listo amor.
Agregó contra sus labios dejando más y más besos sobre los mismo donde dejó de lado el bolígrafo para ocupar sus manos en abrazar ese cuerpo que no quería volver a soltar ya más nunca en la vida.
Jun
Por supuesto que se dejó jalar por ella y más que gustoso correspondió a ese beso. Sus labios no dejaban de curvarse en una sonrisa a la vez que atrapaban entre turnos a los ajenos.
Cuando terminó volvió a abrazarla también, con sus manos en esa cintura tan bien acentuada con ese precioso vestido que su novia había elegido perfecto para la boda, para el sitio, siempre perfecta ella para él.
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— Ahora somos oficialmente marido y mujer.
Susurró bajo cerca a sus labios y apartó la mirada un momento en dirección al violinista solo para asentir una vez y que con ello empezara a tocar otra canción.
— Me concede mi esposa esta pieza?
Le preguntó aunque igual no la soltaba.
♪ Merry Go Round Of Life - Howl's Moving Castle
Luna
Le bastó escuchar solo un segundo de aquella melodía para saber de que canción se trataba, ni siquiera le podía decir que si y ya sentía como sus ojos nuevamente la traicionaban al volverse vidriosos, pero esta vez fue fuerte y sintió repetidas veces, mismo gesto que le ayudaba a calmar sus emociones e hizo que el abrazo hacia él, fuera acorde a los movimientos que comenzaba a hacer al son de la música.
— ¿Cómo puede haber alguien tan perfecto en este mundo? ¿Eres real?
Aquellas preguntas no salían como un simple cumplido y es que en su cabeza no cabía como podía tener tanta fortuna de haberlo encontrado a él, ese hombre tan perfecto para ella, tan encantador y atento en todos los sentidos.
Jun
Sosteniendo su cintura, se empezó a mover con ella. Meciéndose al son de la música como si fuera un vals, daba pasos con ella que los desplazaban poco a poco al rededor de esa plataforma circular.
La pregunta lo hizo reír un poco, así que sostuvo su cintura con más firmeza y con su fuerza puedo elevarla del suelo para dar un par de vueltas con ella haciendo aquel amplio y pomposo vestido volar junto con ellos al igual que su velo.
La bajó de regreso al suelo con cuidado y volviendo a ese ritmo más lento, se inclinó para volver a compartir besos cortos entre ambos.
— Muy real, y todo tuyo, mi amor. Siempre tuyo.
Luna
La impresión fue su primera reacción y le siguieron suaves carcajadas ante ese accionar, uno que le dejó encantada, más de lo que creía posible y también algo que le hizo mirarlo con aquellos ojos que solo desbordaban amor por él, uno amor que siempre iba en aumento pero que en este día especial creía en niveles abismales.
— ¿Cómo pude estar tanto tiempo sin ti?
Aunque la pregunta se la decía a él, iba dirigida hacia si misma, o incluso a la vida. Había pasado por tantas cosas, ente buenas y malas, nada, absolutamente nada se le comparaba a lo que era estar en esos brazos que la mecian al son del violín, ninguna sonrisa nació tan genuina como las que provocaba él y nunca su corazón estuvo tan agitado como lo hacía en su parecencia, en efecto era su pajarito porque así era como sentía ese corazón que creía roto cuando estaba con él, revoltoso y lleno de vida aleteando por doquier.
— Mi esposo...
Agregó solo por el placer de poder decirlo, de sentirlo tan propio como y lo era.
Jun
— Tampoco me lo explico.
Poco a poco y como la canción iba terminando también lo hacían sus movimientos. Terminado nuevamente en el centro, se quedó abrazado a ella y observándola, completamente absorto en toda esa belleza que tenía en frente.
— No sé cómo pude vivir sin ti, porque ahora definitivamente no podría hacerlo. Mi Luna preciosa, la más brillante, la más hermosa, eres todo lo que siempre quise, eres todo lo que me hacía falta, eres perfecta, tan perfecta.
Como todo ese momento desde que la vio llegar, su corazón no dejaba de palpitar con fuerza. No podía calmarlo ante ella. Nunca iba a olvidar ese día, lo sabía desde ya. Ella de blanco, tan arreglada, las luces, la música y las flores que los acompañaban. Se sentía realmente como un sueño del que no se quería despertar jamás.
— Te adoro, esposa mía, te amo con cada latido de mi corazón y lo tienen palpitando como loco ahora mismo.
Luna
— Te adoro y te amo esposo mío, con cada latido de mi corazón.
Repitió alguna de sus palabras y tomó con suavidad su rostro por las mejillas para alzarse y plasmar un suave beso más sobre esos labios que besaría el resto de su vida.
— Tan mío, siempre debiste ser mío y ahora que te tengo no te soltaré jamás, eres mío para siempre, mi amado y desde ahora mi amado esposo.
Volvió a dejar un beso y luego otro tras otros, siendo una seguidilla de la que perdió la cuenta antes de abrazarse y a él de modo dónde recargaba su cabeza contra su hombro y aunque la música ya se había detenido, comenzó a moverse muy, pero muy sutilmente.
— Tampoco olvidaré este día, jamás podría, el día de hoy cumpliste más sueños de los que ni yo misma ya sabía que tenía.
Jun
Sentir esas manos en su rostro hicieron que se quedara quieto para sentirlas. Era un tacto tan suave, tan cálido, la sonrisa simplemente no se iba de su rostro. Menos con todos esos besos que eran como una lluvia de cariño de la que se quería empapar siempre.
— No sabes todo lo feliz que me haces, mi amor.
Cuando se apoyó así, subió su mano detrás de su cabeza , de ese modo la sostuvo cerca mientras se mecía con ella de manera lenta y suave.
— Mi amada esposa, todos los sueños que tengas los quiero cumplir juntos. Verte feliz es mi propia felicidad.
Luna
— Ya lo haces amor...
Dijo con una voz suave donde el simple hecho de estar así con él, espantó del todo aquellos nervios que llegó a sentir de comienzo.
— Eres mi mayor sueño y el motivo de mi felicidad. Estar contigo es lo único que deseo en la vida, poder ver tu sonrisa cada día, ya eres mi familia, ahora mi única codicia es que esta pequeña familia se haga más grande.
Volvió a alzar la mirada para dejar un nuevo beso, solo uno, pero tan suave que apenas llegaba como una caricia.
— Te amaré por siempre, ya no te dejo sostener mi corazón, es tuyo para siempre, te pertenece y sin ti este dejará de latir.
Jun
Luego de todos esos nervios, de todas las ansias, llegaba un momento de paz total, donde todo lo que sentía era una felicidad inmensa. Sostenerla de esa forma sin nada más que pudiera importarle en el mundo más que ella. Ese beso llegó como una caricia cálida, todo contacto se sentía como la fuente misma del calor más puro.
— Tienes el corazón más precioso que hay, el más honesto, el más fuerte, el más sincero y más intenso. No sabes todo lo feliz que me haces al entregármelo así. Y te aseguro que el mío solo latirá para cuidarlo. A ti y a nuestra familia que irá creciendo con los años.
Le devolvió un beso similar solo que este fue sobre su frente, sellando así todas esas promesas de esa noche que sentía grabadas en su corazón por siempre como una nueva convicción de vida.
— Vamos adentro, mi bella esposa? O quieres pasear un poco por el jardín?
Luna
— Te amo.
Agregó con suavidad y una sonrisa en su rostro y volvió a respirar, de forma profunda para luego hacerlo con tranquilidad donde tomó un poco de distancia para así tomarse de ambas manos con él, mirando como aquellos anillos lucían en sus manos.
— Vamos amor, es hermoso aquí, créeme que nunca lo olvidaré, pero ahora solo quiero estar junto a ti, abrazarte sin que exista nada más.
Jun
— Te amo.
Sostuvo esas pequeñas manos con entre las suyas con todo cariño, lleno de amor como no dejaba de sentirse en todo ese momento.
— Vamos, mi amor.
Elevó esas manos hasta sus labios y dejó primero un beso sobre cada uno de sus nudillos antes de soltarlas. Luego de esto las soltó y se agachó para así levantarla en sus brazos y empezar a caminar con ella por ese mismo camino que habían venido pero llevándola como la princesa que era.
Fue ese momento donde alzó la vista y asintió, pues era la señal para que a medida que la llevaba por ese camino iluminado, desde las ventanas del hotel que lindaban con ese camino, dejaran caer pétalos sobre ellos que revoloteaban y caían con gracia sobre ellos a medida que avanzaba.
— Eres la princesa de mis sueños, ahora la reina de mi vida, te voy a amar por siempre.
Susurró cerca a su mejilla y le dejó un beso sobre esta mientras sonreía ante la imagen de verla a ella en sus brazos con esa "lluvia" blanca decorando todo el lugar.
Luna
Una risa un tanto tímida vino a ella por la forma en que la tomó donde de manera instantánea se abrazó a su cuello.
— Lo siento amor, elegí el vestido más pomposo... No sé si debe ser fácil llevarse de ese modo.
Agregó entre suaves risas cuando aquello pasó. Por inercia miró al cielo notando en el acto aquellos pétalos que comenzaban a caer lo que hacía de aquello como una lluvia nocturna, o mucho mejor, una noche nevada de pétalos que llenaban su corazón de calidez.
— A ti te gusta hacerme llorar...
Mencionó en lo que nuevamente aquellas lágrimas se habían hecho presente ante la escena de ensueño que tenía frente a sus ojos, quería abrazarlo con fuerza, pero no quería perder detalle de aquel escenario dispuesto por él.
— ¿Cómo es que puedes ser tan hermoso?
Y si, lo era, pero sus palabras no nacían de la apariencia sino de lo más profundo.
—Tú hablas de mi corazón, pero definitivamente el tuyo es el más hermoso que he visto en mi vida, te amo y te amaré por toda la eternidad amor.
Agregó donde las emociones nuevamente la habían dominado y fue dejando beso tras beso sobre sus labios donde cada pequeño contacto hacía de dosis para calmar su agitado corazón.
Jun
— Mi amor, te olvidas que para mí tú pesas 2 gramos y con el vestido son 3.
Respondió riendo porque aunque exageraba no mentía, llevarla de esa manera era un placer personal y en ese momento por el significado que tenía se volvía mucho más especial.
La miró con compasión frente a esas lágrimas que volvían a brotar de sus ojos y dejó de caminar un momento para recibir gustoso cada uno de esos besos y darle también muchos más en espera de que esas lágrimas pudieran parar. Aunque sabía que eran por algo bueno, igual se sentía algo culpable de hacerlas caer.
— Amor, eres tú la que merece todo lo que una fantasía pueda contemplar.
Le comentó con una sonrisa, acercándose a rozar sus narices juntas por unos segundos al tiempo que poco a poco los pétalos dejaban de caer. Viendo que uno había quedado sobre su cabecita, lo sopló con cuidado para retirarlo y entonces volvió a caminar con ella en brazos para llevarla ahora sí dentro del hotel.
Marido y mujer.
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3
III. El día de nuestra boda
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Carreteras desconocidas, mapas mal leídos, pero las mejores risas.
A veces los mejores planes son los que no se planean.